Berlusconi cae

El primer ministro italiano Silvio Berlusconi perdió entre ayer y el domingo un nuevo plebiscito, después de la reciente debacle en unas elecciones regionales y municipales en las que su partido perdió su eterno bastión de Milán. Ahora, más del 50 por ciento del electorado, el necesario para que el referéndum sea vinculante, ha votado masivamente para que no se privatice el agua y no se vuelvan a poner en marcha centrales nucleares y contra una ley que Berlusconi hubiera permitido a Berlusconi seguir ausentándose en sus juicios por ser prioritarias sus obligaciones como jefe de Gobierno.

La opción de Berlusconi era en los tres asuntos la contraria a la votada por el pueblo, y consciente de su impopularidad y la de sus causas llamó a la abstención para que no se alcanzara el quórum. El premier ha asumido la derrota y la importancia de la señal del pueblo. Sabe que su jubilación forzada de la política es cuestión de tiempo, y que difícilmente agotará los dos años y medio de mandato que le quedan. Es una retirada larga y dolorosa, y que, con cuatro juicios pendientes ante los que quedará más desprotegido, ni siquiera le traerá tranquilidad. Berlusconi saldrá del palacio de Chigi repudiado por los italianos, una despedida especialmente dolorosa para un populista sin más capital político que su popularidad.

La caída de Berlusconi parece escrita, y al menos en España será recibida de forma distinta en la derecha y en la izquierda. Si para la primera Berlusconi ha sido una caricatura extravagante y molesta, para los socialdemócratas  personifica todos los males del adversario cínico, frente al adversario fanático que habría representado Bush hijo.

Las tomas de posición políticas tienen mucho que ver con la estética. Ante los mismos hechos, a todos nos cuesta menos denunciar a los que nos resultan más antipáticos. La simpatía de un político o una causa tiene que ver a menudo con sus enemigos. Los de Berlusconi nos han parecido a algunos extremadamente celosos, pacatos y desagradables, sobre todo desde esa España del feminismo post oficial y obligatorio que no le perdona una orgía. Pero poner a sus feos contrarios en la balanza del juicio nos puede embarcar en flotas extrañas, de las que sólo nos guste luchar contra los mismos piratas. Y no todo el mar es Somalia.

Lo esencial de Berlusconi me parecen los problemas con la Justicia y los intentos de socavar su independencia. Que haya convertido sus dominios públicos en una permanente capea, y la imposición de una retórica y estilo de capea a unas instituciones obligadas a la solemnidad y el respeto. Más allá de con quién nos guste coincidir, conviene no perder de vista lo decisivo.

El periodista y mucho más Indro Montanelli fue primero socio de Berlusconi, para convertirse después en resistente de su omnímodo poder. Sobre asuntos generales, que nada tienen que ver con su relación con Il Cavaliere, dejó escrito en sus diarios: “En el fondo, qué hastío tener que fingir la maldad porque la bondad está de moda”.

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Acerca de mgbarbera

Corresponsal en Bucarest
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