Los huevos de Amaral

Se ha indignado Juan Aguirre, de Amaral, porque el ministro del Interior citara el título de una canción del grupo en una disputa dialéctica con un diputado de la oposición en el Congreso. “Mira tío, no me toques los huevos, las canciones son de todos”, le ha dicho a Rubalcaba en una confesión en penumbra, a media voz y con gorra.

La réplica de Aguirre es en primer lugar desagradable por su fealdad. Por esa segunda persona impersonal lanzada al aire, como ayuda americana para que la recoja el pueblo. Porque aun en su tono de sacristía progre es maleducada con el político, quien no merece de la víctima que se ponga de pie al recibirle ni un mínimo de tensión en el gesto y el discurso. Al poder en democracia se le responde de forma torera o rockera, no con este lloro afectado de terapia de separadas que me ha hecho añorar la indignación humanísima y sincera, casi fisiológica, con que Fernando Fernán Gómez despachó a uno de esos humoristas pesados de la tele.

Además de fea, la salida del músico es sorprendente. La cita de Rubalcaba es mera muleta dialéctica, y sólo a un imbécil puede servir para relacionar a Amaral con su causa o con la clase política. Más aún, la entrada de una de sus canciones en un debate del Congreso es una muestra de que Amaral forma parte del imaginario colectivo español, el objetivo de siempre de los grupos de música ligera. Dice Aguirre que las canciones “son de todos”. De todos menos de los políticos, claro, sobre todo en este momento indignado de cacerolas y sentadas.

El alegato genital lleva también una denuncia de las “peleas de escolares” del Congreso pagadas con dinero de todos, y va acompañado de un guiño al 15-M. Le habrá reportado ya muchos aplausos y no sé si algunos discos, y no hay nada malo en ello: el valor de una declaración no deben establecerlo las reacciones. Pero también le llamarán valiente, y no será justo.

El coraje de una denuncia no debe medirse únicamente por el poder del denunciado. Existen otros parámetros clave, como su capacidad y voluntad de tomar represalias y su predicamento entre la audiencia.

En la España de hoy el compromiso más caro es el antietarra. Supone una privación de libertad real y riesgo para la seguridad física, a los que últimamente hay que añadir la consideración del establishment como una piedra en el zapato. Después venga quizá el que denuncia el integrismo islámico, y basta recordar el caso de Redecker para explicar su cota. Las críticas a cualquier iniciativa, idea o persona de izquierda o de los llamados nacionalismos periféricos y el más sutil alineamiento con la derecha pueden traer la muerte civil y el estigma del fascismo.

En el otro extremo del gráfico, las opiniones progresistas genéricas, que incluyen el aplauso del 15-M, los ataques al FMI y los mercados (drogados, calados) o las alertas sobre el cambio climático, son las que salen hoy a mejor precio. Y por supuesto las críticas a la clase política, categoría en la que entra el hinchazón de Amaral.

Aquí y aquí, dos pequeñas muestras de la cotización en bolsa. Ovación y polémica, y eso que el anonimato de la red, como el de las urnas, baja el precio de los productos de lujo.

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Acerca de mgbarbera

Corresponsal en Bucarest
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2 respuestas a Los huevos de Amaral

  1. ¡No nos toques los huevos, Juan Aguirre!

  2. Pingback: Amaral se enfada con Pérez Rubalcaba: “No me toques los huevos, las canciones son de todos” @ Tanaka Music

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