Turismo resolucionario

El alcalde Elorza presentó un proyecto estupendo para fomtenar la paz y la no violencia. Se sabe que los burócratos europeos valoran mucho la función social de la cultura, y más si tienen un patio cerca donde jugar a la resolución de conflictos, imaginar apartheids con los papeles mal repartidos y erigir nuevos Mandelas entre las filas segregacionistas. La candidatura de San Sebastián lo tenía todo. Demasiado bonita para renunciar a ella, aunque la toma del poder por unos chicos creciditos que ya sueñan con el sexo y la botella podría complicar la fiesta.

Quedan cinco años para la cita, y en los preparativos ya ha comenzado a imponerse el discurso de los muchachos de la herriko. “Se impulsará nuestra lengua y cultura, y un periodo de normalización, en un marco de respeto democrático a todas las personas y los pueblos”, ha dicho en una exhibición de todos sus viejos mantras el alcalde Garitano. A su lado, sonriente y relajado, asomaba todavía el buenismo vacío y grandilocuente de Elorza: “la importancia de usar la cultura como herramienta para generar convivencia pacífica, en una Europa que sufre una crisis de valores y está desfigurada”. No fue capaz de salvar ante la infamia la cara de su propio ayuntamiento y se propone enderezar la deriva de Europa.

El jefe del jurado se ha mostrado convencido de que la capitalidad cultural “puede contribuir a frenar la violencia”. Sería natural. Por qué habrían de molestarse en violencias, cuando su discurso de siempre atronará cuatro años con el altavoz del dinero y el prestigio europeo. En principio pedirán normalización y marcos de respeto democráticos, pero los actos huelen ya a fiesta patronal, de pueblo o de pueblos, claro, y todos sabemos con qué clase de consignas reciben el nuevo los últimos borrachos en las fiestas de cientos de pueblos vascos. Alguien debería prevenir a los burócratas de Bruselas, no sea que, después de una noche de chacolís, todo un comisario alemán acabe gritando el “Jo ta ke” con un grupo de Garitanos encaramado en el Faro de la Paz.

Las mentiras, las medias verdades y las omisiones están por todas partes en este despropósito pútrido e inmoral. Certámenes de cocina y festivales internacionales de cine y de jazz esequivaron durante décadas en San Sebastián enfangarse en la peculiaridad vasca. Un paso por detrás de unas fuerzas vivas muy dadas a la comprensión, las estrellas internacionales fingían estar en un lugar normal que nada tenía que ver con los desiertos lejanos que ocupaban sus compromisos.

Los tiempos han cambiado, y el conflicto vasco, en su odónico relato equidistante o en la lengua de madera de los criminales y sus beneficiarios, trae ahora capitalidades culturales. Con los asesinatos congelados y la violencia etarra reducida a una intimidación física que no hace portadas, el País Vasco amenaza con convertirse en un campo de experimentación y un destino de turismo resolucionario para los Currins que en el mundo son. Los verdugos y sus temas son su interés único, porque las víctimas vascas son gente normal y recta, sin el atractivo de la etnia o el color.

(Publicado en la revista Jotdown el 30 de junio de 2011)

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Acerca de mgbarbera

Corresponsal en Bucarest
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