Una delicia israelí

El Festival de Cine Judío trajo la semana pasada a la capital rumana The Matchmaker, una película israelí simple, graciosa y emotiva que regaló a unos pocos bucarestinos una tarde preciosa de domingo.

Arik Burstein es un adolescente de Haifa, hijo de un superviviente del Holocausto de origen rumano. Una tarde del verano del 68, mientras juega con sus amigos en su barrio conoce a Yankale Bride, un hombre carismático también víctima de la Shoa que le ofrece trabajo como espía en su agencia matrimonial. De la mano del romántico y curtido Bride, que resulta ser un viejo compañero de pupitre del padre de Arik en el Este de Europa, el joven conocerá un mundo nuevo en los bajos fondos del puesto de Haifa. Allí, entre prostitutas y contrabandistas, Arik se asoma a las emociones descarnadas y sinceras quienes viven al margen, cuya excéntrica posición social le permite conocer más de aquel “allí” del que apenas se habla en su casa ni en buena parte de la sociedad israelí.

Llena de ternura y comicidad, The Matchmaker es de una sencillez extrema, que a veces cae en el abuso con momentos morales más propios de cómic de superhéroes. En una terraza varios jóvenes con uniforme de soldado se ríen de la enana Silvia, parte de una familia de enanos que fue objeto de los experimentos del doctor Mengele y regenta un cine en  el puerto. Con gesto severo que no esconde cierto exceso de gravedad, Yankale tira con su bastón las botellas de la mesa, pone a los insolentes en su sitio y les hace pedir perdón a quien está siendo burlado y sufrió tanto horror.

El tratamiento de la sociedad israelí de los primeros lustros de independencia a los supervivientes del Holocausto es el tema más profundo de esta película de Avi Nasher. Supervivientes de la barbarie nazi son todos sus protagonistas excepto el joven Arik, que representa el futuro limpio, entusiasta y consciente en el que los nuevos israelíes han de redescubrir y tratar aquella tragedia.

Una de las escenas de más fuerza la protagoniza el padre de Arik, clamando en el sofá de su casa contra la larga sospecha de sumisión y colaboracionismo que persiguió en su nueva patria a quienes sobrevivieron al nazismo. La infamia que denuncia Burstein la sufre en cierto momento sobre Clara Epstein, la bella, elegante y melancólica cómplice de Yankale acusada de haberse prostituido para salvarse de las cámaras de gas.

Presentado con una simplicidad casi esquemática, el dramatismo es siempre superado mediante la humanidad y la agudeza de personajes y situaciones y la vitalidad desbordante de Arik y su pandilla.

La constante referencia de fondo a la omnipotencia del amor y el recurso a imágenes muy enraizadas en la realidad del país -dos rumanos que crecieron en la nieve beben té junto al desierto mientras la mujer de Burstein, judía de Oriente, se refresca con una bebida fría- aligeran el peso de la trama y aumentan la eficacia del mensaje.

The Matchmaker es una delicia fácil, justa y reconfortante que hace mirar con cierta pena hacia el cine español.

Lejos de exponer con nitidez y sin equívocos los valores sobre los que deben asentarse las comunidades, de apostar por el buen gusto y primar el optimismo, el director medio en España prefirió la extravagancia. Los cánones y el sentido común son la única defensa que los talentos medios tenemos contra el ridículo, y en España todo el mundo se creyó Almodóvar.

(Publicado en la revista Jotdown el 2 de julio de 2011)

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Acerca de mgbarbera

Corresponsal en Bucarest
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